Artículos Jesús Castro

EVITAR LA EVITACIÓN

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Sabemos con seguridad que uno de los factores que incrementan el miedo, es evitar el objeto aparente de nuestro temor. Un tipo muy común de evitación es el perfeccionismo.
Hay personas que hacen un esfuerzo enorme por hacer las cosas bien, hasta el mas mínimo detalle, cosa que no estaría mal, si ese esfuerzo les llevara a un punto donde el sufrimiento y el cansancio hacen que abandonen lo que sea que estén haciendo. ¿Han probado alguna vez a equivocarse intencionadamente y ver si el mundo realmente se hunde?.
Hace un tiempo un famoso pedagogo decía que hay que dejar que los niños y los jóvenes tengan la experiencia de fracasar y de suspender, puesto que esto hace que pierdan temores. El fallo, la equivocación y el suspenso, es parte fundamental del aprendizaje, así que si no toleramos, experimentamos, y convivimos con ello, no podremos nunca tener una carrera muy larga, nos agotaremos en una estúpida carrera de velocidad sin sentido.

Desde luego, el que un trabajador diga la frase “upssss, ahora no me acuerdo si……..” “o la exclamación “….mi madre¡¡¡¡, creo que me olvidé de….” no tiene el mismo sentido ni importancia si la dice un controlador de la NASA durante el despegue de un cohete, que cuando está en el simulador, o un cirujano mientras está operando, en controposición con un reponedor de supermercado. Unos contextos para estas frases o exclamaciones dan mas miedo que otros, seguro, así que las equivocaciones intencionadas, POR FAVOR, en contextos cuyas consecuencias sean potencialmente NO DESASTROSAS. Que miedo se pasa dando algunos consejos….

LA CONFUSIÓN Y EL MIEDO

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“La expresión mas frecuente del miedo en un bebé implica la ansiedad ante extraños, en la que un bebé muestra miedo y cautela ante desconocidos. Sin embargo, no todos los bebés muestran angustia cuando se encuentran con un extraño, y que el niño muestre ansiedad ante los extraños también depende del contexto social y las características del extraño.”. Este párrafo lo cito textualmente de un libro de texto de psicología.
El lenguaje experto ha contribuido de forma decisiva a que las personas queden indefensas ante situaciones que de otra forma podrían manejar o al menos comprender sin ninguna dificultad.
El párrafo anterior es una muestra de ello. La primera frase contiene todo el caótico y desorientador mensaje que acaba transmitiendo el lenguaje experto. Veamos el motivo:
ansiedad es según el RAE: estado de agitación, inquietud o zozobra del ánimo. Angustia que suele acompañar a muchas enfermedades, en particular a ciertas neurosis y que no permite sosiego a los enfermos.
Es decir, pensándolo bien, ansiedad y miedo (o al menos toda su amplia “tonalidad” emocional) son palabras que vienen a decir lo mismo. Un ser humano ansioso es lo mismo que un ser humano con aprensión, miedo y/o angustia.
Claro que, si empleamos la palabra miedo parece que no acabamos diciendo nada, aunque es evidente que de esta manera, una supuesta patología del agente, pasaría a reconvertirse en una situación particular, de características peculiares, que interactúa con las características del agente.
Veamos como cambia el párrafo deconstruyendo el lenguaje experto, convirtiéndolo en palabras llanas y comprensibles, es decir, hablando con propiedad.

La expresión mas frecuente del miedo en un bebé implica la inquietud ante extraños (pues claro, añadiría yo, también les pasa a los adultos….), en la que un bebé muestra miedo y cautela ante desconocidos. Sin embargo, no todos los bebes se asustan ante los extraños ya que depende de como se le haya educado, y como sea su entorno social, y de las características de los extraños, el que un bebé sienta miedo ante ellos. A esto se le llama PEROGRULLO. El primer párrafo está escrito para parecer técnico, pero si se piensa bien, acaba pareciendo tan técnico que es posible que algunos padres piensen en su hijo ansioso y piensen que está trastornado o enfermo.
Lo mismo pasa con los adultos. Si se simplifica el lenguaje, se sustituye la palabra ansiedad por miedo o pánico, habrá que preguntarse en relación con qué se produce. El responder que no hay motivo, no indica sino la incapacidad para encontrar una respuesta. El psicólogo en colaboración con su cliente, paciente o usuario, debería de ser capaz de ayudar a encontrarla. Bajo mi punto de vista, el no realizar esta tarea y pretender eliminar la ansiedad como ente abstracto, no solo no es posible, ya que si se consigue eliminar será algo connatural a su naturaleza y/o circunstancial, sino perjudicial, por la pérdida de una oportunidad única para comprenderse, entenderse, mejor.

EL JUEGO Y EL NEGOCIO

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Si le preguntamos a un jugador patológico el motivo por el que juega, por lo que le mueve a jugar, encontraremos una respuesta invariable: “por dinero, para ganar dinero”. Esta respuesta la dará con muchísimas mas frecuencia, un jugador con problemas, o un jugador profesional, que vive de jugar a determinados juegos donde la competencia y habilidad es necesaria. El resto de jugadores, es decir, los que no tienen problemas con esta actividad, contestarán que por la ilusión, para divertirse, o porque lo pasan bien, dependiendo de a que juego estén jugando.
Esta explicación que ofrece el jugador problemático, y que claramente equipara la conducta de juego con un negocio, pude expresarse de diversas formas:
“juego como forma de recuperar lo que he perdido” (que es lo mismo que decir que juego para ganar dinero), “juego para ver si me saco un extra”, “juego porque a veces he ganado y llego mas desahogado a final de mes”,” juego porque necesito el dinero para pagar deudas”, etc…

El jugador patológico, funciona con este autoengaño, y para sostenerlo hace las cuentas de forma conveniente con su forma de explicar y explicarse. Si realmente se tratara de una actividad económica, de un negocio, el jugador haría las cuentas de forma coherente con esta idea, es decir, calcularía a final de un periodo de tiempo mas o menos representativo, es decir, un mes, seis meses o un año, las ganancias y le restaría los gastos y las pérdidas, como con cualquier otro negocio. Y así conocería exactamente el rendimiento económico de su actividad, los beneficios. Pero el jugador con problemas no hace esto, sino al contrario, no calcula nunca sus ganancias o sus pérdidas, aunque bien es cierto, que independientemente de esto, tiene bien claro que jugando pierde dinero. Entonces, ¿porque se explica las cosas de esta forma?. Creo que por dos razones. La primera es que no tiene disponible otra forma de explicarse porqué hace lo que hace, salvo la estúpida y anti-intelectual idea de que está enfermo. La segunda es que de esta forma no tiene que enfrentarse a un hecho que le preocupa y que teme, el jugar ya no puede ser porque solo genera pérdidas, o al menos la única explicación accesible para él, y con cierta lógica, no podría sostenerse, tendría que salir del bucle, del círculo vicioso en que se ha convertido su vida. Y eso es duro, doloroso y requiere tomar unas cuantas decisiones complicadas. Por eso, es raro que la persona afectada solicite ayuda, a no ser que ya el continuar por si mismo/a no sea posible.

¿COMO PUEDO SUPERAR EL MIEDO?

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El paso primordial, esencial, crítico, es reconocerlo. Hablamos de ansiedad, de nervios, de dolores, pero raramente decimos que tenemos miedo o que estamos aterrorizados. De esta forma es muy difícil que afrontemos un problema que no sabemos en que consiste ni en que radica.
Para solucionar cualquier problema, suele ser importante saber de que se compone, que partes tiene, como se articula, para poder implementar una buena solución.
Con los ataques de pánico, con las crisis de ansiedad, sucede que el lenguaje empleado no hace sino empeorar el problema. Hablamos de ansiedad y de nervios ¿pero alguien conoce una definición de esas dos palabras que aporte información valiosa para poder afrontarlo?. Es una información tan pobre y tan básica que lo inmediato que a uno se le ocurre, es que tendrá que medicarse para quitarse esa enfermedad que a uno le viene sin saber de donde ni en relación con que.

Sin embargo, si comenzamos a hablar de miedo, si lo que nos ocurre a nivel de síntomas, de señales, es coherente con que sentimos miedo, habrá que preguntarse a que estamos temiendo. Y esto es básico para poder hacer algo al respecto.
Si descubrimos que tenemos miedo porque siempre hemos afrontado las situaciones de nuestra vida apoyándonos en alguien que percibíamos como seguro, es posible que lleguemos a la conclusión de que ya es hora de comenzar a afrontar determinadas cosas sin estos apoyos. Porque la única forma de superar un miedo, es afrontándolo. Pero, siguiendo lo dicho, primero habrá que llegar a la conclusión de que todos los síntomas que se sufren son coherentes con alguien que está asustado y/o aterrorizado, y esto, desde luego, no es fácil, puesto que seguramente empleamos mucha energía en no querer reconocerlo.

EL SENTIDO DEL TRABAJO

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Hay ocasiones en que el trabajo es tan alienante, tan inhumano, tan insufrible que el ganar dinero llega a perder su sentido. No estamos luchando, al menos en el mundo occidental, por sobrevivir. Estamos luchando en la mayor parte de los casos, especialmente en el caso de las personas que juegan hasta el punto de poder considerar que tienen un trastorno psiquiátrico, por mantener o mejorar nuestro estado de bienestar, nuestra buena vida.

El problema es que cuando el trabajo no permite desarrollar esa buena vida, porque estamos tan agotados que no nos quedan energías, ni ganas, de dedicarle tiempo y esfuerzo a vivir, a hacer algo con ese dinero, mas allá de comprar cosas, entonces, puede que tomemos contacto con cosas como el juego de azar. Esta actividad requiere en la mayor parte de los casos muy poco esfuerzo para poder ser realizada. Los jugadores, especialmente los de máquinas recreativas, no tienen que pensar demasiado, donde jugar. Por algo será que las máquinas recreativas son las que mas ingresos reportan. No tienen que prepararse para esta actividad, no tienen que contar con nadie, y el esfuerzo empleado para ello es mínimo.
Y lo mejor de todo, es que jugando se puede cerrar el circulo, de forma que la necesidad de dinero que tarde o temprano va a tener el jugador, conseguirá a su vez, que la necesidad de trabajar aumente, junto con la energía y la motivación para hacerlo. Por eso no es extraño que el jugador se de “atracones” brutales de trabajo, especialmente si es autónomo. Tampoco es raro que se sienta extraño en el trabajo, cuando ha conseguido romper el circulo vicioso en el que andaba entrampado. Esa extrañeza, proviene del hecho de que una vez ha pasado un tiempo desde que ha dejado de jugar, la necesidad de tener y manejar dinero, disminuye, y por tanto la energía para trabajar, la motivación, también, con lo que es posible, que si realiza un análisis en profundidad, pueda descubrir que el dinero que ha gastado en juego, lo utilizaba precisamente para poder soportar el trabajo.
Esto es relativamente frecuente, y es fácil de deducir, cuando se descubre que la conducta de juego se realizaba especialmente en días laborables y sobre todo en intervalos o momentos de espera en el trabajo. Por eso, creo que entre los autónomos, especialmente entre los comerciales, este problema es una auténtica plaga.
“Doctor, devuelvame mi depresión, no ve que mis amigos se apartan de mi” Joaquín Sabina.

EL MIEDO EN EL CUERPO

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Las emociones no se sienten en el aire. El miedo mucho menos. Esa emoción tan útil y que va desde la simple aprensión, hasta el pánico mas absoluto, la sentimos en y con el cuerpo. La aprensión, aunque de la misma calidad, tiene tal sutilidad que raramente la notaremos físicamente. Solo fiándonos bien conseguiremos identificarla. La postura del cuerpo, la forma de pensar, la actitud, la tendencia a actuar, son un fiel reflejo de ella. Una persona que siente aprensión no nota como su corazón se desboca, no cree que va a morir o que una catástrofe terrible va a azotarla en cualquier momento, no se marea. Una persona que siente aprensión cree que es posible que no sea capaz de esto o de aquello, su cuerpo se “recoge”, juguetea con manos o pies, se ensimisma, o piensa en evitar el objeto de su aprensión. Pero esta emoción está habituado/a a sentirla, a tolerarla y a manejarla, no le resulta extraña.
Lo realmente interesante es lo que sucede cuando sentimos pánico o miedo intenso. Estamos tan poco habituados a gestionar y por tanto, a sentir esta emoción, que en ocasiones podemos llegar a convertirla o a reducirla a algo físico o médico.
El corazón desbocado, sin poder tragar, con un nudo en el estómago, sudando, temblando, pensando en que la muerte está cerca. A veces, incluso, la tensión hace que nos duela el cuerpo, que tengamos el cuello agarrotado o que cualquier molestia física se incremente exponencialmente. Y a veces, el que trata de ayudar, cae en el error de intervenir en esas molestias, y entonces, todo se complica.

Esto pasa, especialmente, cuando la persona tiene todos estos síntomas, y no identifica el motivo del terror, del miedo. Entonces pueden sucederse el rosario de consultas, de médicos, de para-profesionales, hasta que llegan a las consultas de psiquiatría y psicología. En estos casos el paciente llega cansado de que se le niegue su sufrimiento y su dolor. Dolores y sufrimiento que por supuesto tiene, pero no por los motivos que él cree. Son otros. Es el miedo. Es la vida. Y la vida y el cuerpo, por tanto, están en íntima comunión. Uno no es ajeno al otro, el otro no es ajeno al uno. Me sorprende que a las alturas que estamos, aún los profesionales sigamos manejando la infantil división entre mente y cuerpo.

LA ANSIEDAD

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Según el diccionario de la lengua de la Real Academia Española, ansiedad es:
(Del lat. anxiĕtas, -ātis).
1. f. Estado de agitación, inquietud o zozobra del ánimo.
2. f. Med. Angustia que suele acompañar a muchas enfermedades, en particular a ciertas neurosis, y que no permite sosiego a los enfermos.
La psicología y los psicólogos han desarrollado diferentes instrumentos psicométricos para poder evaluar el nivel de ansiedad de una persona.
Por ejemplo, el STAI, uno de estos instrumentos, se compone esencialmente de ítems descriptivos de diferentes estados emocionales, de diferentes síntomas físicos, y de diferentes formas de pensar o de cambios cognitivos.
En esencia, la ansiedad es un constructo que al menos a nivel psicológicos mezcla varios aspectos de la experiencia humana. En estos instrumentos utilizados para evaluar la ansiedad, se suelen establecer puntos de corte a partir de los cuales se consideraría que la ansiedad es patológica o problemática.
Bajo mi punto de vista, lo único problemático de la ansiedad es en primer lugar reconocerla como tal, es decir, como un malestar de origen y manifestación esencialmente somática, con poca o ninguna relación con la vida. El reconocerla así, supone equipararla y darle la entidad de un problema médico, y por tanto, poner en marcha tratamientos sintomáticos encaminados a hacer desaparecer el síntoma. Por otra parte, cuando este estado de ansiedad se prolonga y además se pierde de vista la causa, se empieza a hablar de estrés, y el resultado de esto, suele ser el mismo, suprimir el síntoma.

En mi opinión, siempre hay un motivo para sentir ansiedad. Siempre hay una razón para sentir angustia, miedo, o aprensión. Solo hay que leer, solo hay que dotar de significado al síntoma para entender mejor lo que está ocurriendo. Pregúntese desde cuando le ocurre, en que momento empezó a sentirse así, y probablemente empiece a solucionar el problema. Por tanto, y siguiendo esta línea argumental, el tratamiento empleado en muchas ocasiones para erradicar los síntomas, o bien pertenecen a la categoría de “pan para hoy y hambre para mañana” o directamente son iatrogénicos.
Una pista: si observan los ítems del cuestionario que les mencioné antes verán que todas los síntomas, todas las señales, tanto a nivel fisiológico, como cognitivo y conductual, son coherentes con una emoción, el miedo. Tengan en cuenta que según su intensidad, esta emoción va desde la simple aprensión, cuyas manifestaciones son sutiles, hasta el pánico, con manifestaciones mas que evidentes en todos los niveles de la experiencia.