Tratamiento

¿CUÁNTO PUEDO TARDAR EN SOLUCIONAR EL PROBLEMA?

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Esto es variable, pero si se dispone en el momento de acudir, de pareja, y además esta colabora en el tratamiento, en el plazo de un mes, a razón de unas dos consultas semanales, el problema puede estar resuelto (esto desde luego en el mejor de los casos). Promediando, podríamos decir que en la mayoría de los casos, se obtiene una gran mejoría del problema en unos tres meses de tratamiento.

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¿A LA PRIMERA CONSULTA PUEDE ACUDIR MI PAREJA?

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No solo puede, sino que debe, ahorraremos tiempo y comenzaremos el tratamiento desde el primer día. Aunque en principio, ante este problema, los hombres solemos apropiarnos de él, y asumir que tiene que ver con algo que solo nos pasa a nosotros, el sexo es un modo de relación más dentro de la pareja. Es posible que su terapeuta considere necesario iniciar una serie de sesiones de terapia de pareja, dependiendo como esté la relación.
En caso de no tener pareja estable, o tener varias compañeras/os sexuales, entonces es preferible acudir solo.

¿QUIEN PUEDE TRATAR LA IMPOTENCIA?

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Técnicamente está preparado para ello, cualquier psicólogo/a. Como en todas las profesiones su competencia terapeutica dependerá de su experiencia. En España existen masters y titulaciones específicas sobre terapia sexual, pero no existe la titulación oficial de sexólogo (al menos que yo conozca).

COMO TRABAJAMOS EN EL S.A.L. UNA PROPUESTA ALTERNATIVA

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En las siguientes líneas voy a tratar de hacer un esbozo general sobre la manera que tenemos de abordar el problema de juego excesivo y de las hipótesis de las que partimos para afrontarlo de esta manera:

Nuestro enfoque terapéutico se basa en una serie de hipótesis de partida o presupuestos que paso a desglosar a continuación:

1) El juego patológico o ludopatía, NO ES una enfermedad que implica que las personas están jugando de forma excesiva sin querer. Creemos que todo lo contrario, las personas que tienen este problema hacen todo lo posible para poder seguir haciendo algo que les satisface. Desde luego esta satisfacción y el hacer lo que hacen, tienen consecuencias a posteriori, como casi todas las cosas que las personas hacen en la vida. Sí es posible el que se llegue a configurar un CÍRCULO VICIOSO, en donde los problemas derivados de la conducta de juego se evaden jugando aún mas.
2) Todo lo que ocurra en la terapia, sea del corte que sea, ocurrirá con el consentimiento de la persona que asiste a ella. El hecho de que un jugador permita que se le controlen sus recursos económicos, o que admita el que tenga la obligación de informar donde y con quien se encuentra, solo es posible con su consentimiento y voluntariedad.
3) El juego excesivo tiene una FUNCIONALIDAD en la vida de las personas. El entender cual es su funcionalidad es la clave para poder realizar cambios que impliquen una conducta de juego menos perjudicial, o una abstinencia total, dependiendo de lo que la persona elija como mas adecuado para su vida. Cuando nos referimos a funcionalidad, hablamos de que las personas tienen intenciones y conflictos, y es posible que la conducta de juego en algunos casos responda a intenciones conscientes para superar un conflicto (hay en concreto un caso documentado por Hand y Hand, en donde el juego excesivo fue utilizado como manera de que la pareja asumiera la inconveniencia de continuar relacionándose con alguien que dilapidaba los recursos económicos en el juego, y una vez que la pareja se separa, la conducta de juego se extingue).
4) El juego como SOLUCIÓN, no como problema. La vida es en si misma complicada y difícil. Los problemas de una vida no pueden reducirse al hecho de algo que uno mismo está haciendo. Dejando de jugar, en muchos casos, las personas vuelven a toparse con los problemas que conseguían evadir jugando, por lo que les suele ser complicado no retomar una opción que les ha funcionado perfectamente hasta ese momento, y que han tenido que dejar de emplear debido a lo costoso de la solución a todos lo niveles.

En base a esas cuatro hipótesis el tratamiento solo puede estar encaminado por y para una persona, la que tiene el problema. En principio vemos que los primeros en solicitar ayuda, buscar información, etc…son los familiares o personas allegadas al jugador. En esos casos le damos la información que nos soliciten, y les indicamos que para poder trabajar con la persona que tiene el problema, tiene que ser ella misma la que llame y acuerde una cita.
Posteriormente, al contrario que en otros tratamientos, el terapeuta se alinea o se alía con la persona que está jugando excesivamente. Esto entiendo que puede generar discusión o polémica, ya que en los criterios DSM, el hecho de mentir a todas las personas del entorno, incluido el terapeuta, es uno de los síntomas del trastorno. Nosotros lo que hacemos es generar las circunstancias en donde el mentir simplemente carezca de sentido. En la primera sesión se informa a los familiares que acudan, y en presencia del jugador, de que es la última vez que el terapeuta tendrá contacto con ellos, ya que dispondrán de otro terapeuta que aunque podrá orientarles sobre los conflictos que puedan surgir, no trasladará información de su allegado en ningún caso, ni siquiera si éste continúa acudiendo al servicio. Con esto, conseguimos que todos aquellos que en principio harían uso del tratamiento como forma de tener tranquilos a los familiares, olviden esta idea, y sólo continúen para tratar de solucionar el problema si es que consideran que lo tienen. Con esto hemos conseguido unos muy buenos índices de adhesión al tratamiento, y si además se considera que no es gratuito, eso supone que esas personas se implican en su problema y además lo pagan, con lo que evidentemente conseguido esto, su pronóstico es mucho mejor.
Una vez preparado el setting terapéutico, una vez definidas las reglas del juego, realizamos una evaluación completa, tanto de personalidad, como de otras variables. En nuestro caso nos interesa una en especial, la de Alexitimia. Es un dato preliminar, previo a un análisis mas profundo, pero en casi todos los casos encontramos una muy alta presencia de este constructo.
Posteriormente tratamos de esbozar un “mapa” de la conducta de juego, cuando, donde, con quien, a que hora, que días si y cuales no se juega. En los casos donde haya transcurrido menos tiempo a la hora de acudir al servicio, esto será mucho mas sencillo de realizar, ya que posiblemente no se haya entrado aún en un círculo vicioso. El poder realizar esta “morfología” de la conducta de juego, hará mas sencillo el tratamiento, ya que se podrá determinar mas fácilmente los desencadenantes.
Si se pueden establecer los desencadenantes, se comenzará a trabajar con ellos, y en este terreno entramos ya en la necesidad de tratar con cada persona de un modo absolutamente individual.
Por último, y ya dependiendo de la evolución de cada persona, aunque en la mayor parte de los casos se realiza a los seis meses de tratamiento, haremos un retest de las variables que se evaluaron al comienzo del tratamiento.
Nuestra forma de trabajar creo que tiene un ventaja muy importante: la persona que sufre el problema se implica en su propia mejoría. La desventaja también es grande: los familiares perciben falta de control en cuanto a la evolución de su ser querido. Ahora bien, he de decir, que en los casos en que los familiares perciben tener el control, si la persona que juega, sigue queriéndolo hacer, lo podrá hacer sin problemas, y además durante un tiempo podrá incluso aparentar que todo va bien, con lo que se agravará mucho mas la situación. Mi impresión de estos tratamientos, es que están diseñados para tranquilizar a los familiares, que perciban tener el control, pero sobre todo que se mantenga el estatus familiar. Bien, creo que esta manera de abordar el problema es del siglo pasado, cuando la personas no se podían separar o tenían que explicar el motivo por el que lo hacían. Hoy, por suerte, basta con que una persona entienda que quiere continuar su vida de otra forma; las leyes le harán cargo de sus responsabilidades.
Estas líneas desde luego, son una simplificación de un proceso que tiene tanta complejidad como las personas y las vidas de estas. Espero al menos haber ilustrado mi posición y abordaje de un problema, de una actividad, que ha adquirido el rango de enfermedad.